25 de febrero de 2012

Los años pasan, pero los recuerdos de la infancia no se olvidan

Muchas veces dicen que una persona al llegar al estrellato pierde el norte y deja atrás su vida anterior para pasar a una vida caprichosa entre fajos de billetes y ricachones empedernidos. Y es que la fama y el dinero son un foco atractivo para la mente humana y suele hacer perder el rumbo a las personas que por raro que parezca, tuvieron una vida normal antes de ésta. Deportistas, cantantes, actores, etc. son un claro ejemplo de ello. Atrás quedaron amigos de la infancia y familiares, una etapa de tu vida que te ha hecho alcanzar lo que eres ahora.


Pero no todos se dejan llevar por la avaricia del dinero, y José Manuel Calderón es uno de ellos. Orgulloso de llevar a Villanueva de la Serena y Extremadura por todo el mundo, sigue visitando su tierra todos los veranos. Y es que como en casa, en ningún sitio, rodeado de la gente que te aprecia: amigos, familiares, paisanos...  Entre ellos encontramos a Nono, el mejor amigo de José de toda la vida, y sí, lo sigue siendo. Siempre nos dice que Calde no ha cambiado nada, que sigue siendo la misma persona humilde que antes. Hoy nos cuenta algunas pequeñas anécdotas que vivieron juntos en la infancia.


"Todas las tardes pasábamos por la tienda de su madre y nos hinchábamos a dulces. Era muy goloso por entonces, era su época de peinado a la cazuela... jejeje... ¡¡Era el ligón de clase!! Jugábamos al voley y él y yo sacábamos una cabeza por encima de la red y éramos imbatibles... jejeje... También un día bajando con la bici una cuesta de un pueblo cercano (Magacela) a una velocidad bastante rápida perdió el control y llegó lleno de raspones por todo el cuerpo: brazos, barbillla, rodillas... para haberse matado... Siempre sacaba sobresalientes y encima era el guapo de la clase... jeje. Un ligón..."


Seguro que pasarán los años y seguirán siendo los mejores amigos porque los dos son grandes personas.
Muchas gracias Nono.