4 de marzo de 2013

Calderón, el secreto mejor guardado de la NBA


Historias de un tío alto: Un secreto | El País

Tengo que contarles un secreto. Hay un base de la NBA que en sus siete años de carrera ha registrado una media de 10 puntos, 7 asistencias y solo 1,7 pérdidas de balón jugando 29 minutos por partido. Ha tenido un porcentaje de tiros de tres del 39% y ha lanzado tiros libres con un 88% de acierto. Ha hecho todo esto en la liga de baloncesto más dura de todo el mundo. Sin embargo, nadie lo conoce. Corrijo eso. Ustedes probablemente lo conozcan, porque son españoles y estoy hablando de José Manuel Calderón, que podría ser el secreto mejor guardado de la NBA.

Existen multitud de razones que explican el relativo anonimato de José Manuel Calderón. Siempre ha jugado en equipos mediocres (o malos). No alza la voz, ni fuera de la cancha ni en ella, y tampoco es tan dominante como su compatriota llamado Gasol ni tan llamativo como Rudy Fernández o Ricky Rubio. Pero principalmente, la invisibilidad de José Manuel Calderón puede explicarse por la geografía.

En la época en la que Vince Carter y Tracy McGrady jugaban en los Raptors parecía que Toronto estaba donde está, y no está muy lejos de Nueva York. Pero a medida que se han ido borrando los recuerdos de los días gloriosos de los Raptors, a la NBA le ha parecido que Toronto estaba más cerca del Polo Norte que del Madison Square Garden. Y antes del traspaso del mes pasado, Calderón había pasado toda su carrera en Toronto. Ahora está en Detroit, donde la reserva de talento baloncestístico es un reflejo del estado de las arcas de la ciudad: está vacía.

Y luego está el factor español. Calderón no tiene gancho; no tiene otro hermano que juegue en la NBA, no tiene tendencia a saltar en cualquier momento para coger un alley-oop, y tampoco tiene una media melena y un ligero parecido nostálgico con Pete Maravich.

Como todos los seres humanos, los estadounidenses necesitan una historia, un aliciente. A falta de otra cosa, un problema de drogas o una tendencia a llevar armas de fuego al vestuario de vez en cuando. Entonces habría algo que podría enganchar a nuestros cerebros simplones.

Pero por desgracia, para disgusto de los periodistas de sucesos (y suponemos que para alegría de sus padres), Calderón es sencillamente demasiado estable como para tener un comportamiento tan infantil.

Lo que esto significa es que no hay muchas esperanzas de que Calderón se convierta en un famoso; parece improbable que, de repente, pase a ser un personaje conocido de la NBA. Incluso si algún día acabase en Los Ángeles, Nueva York o Miami, probablemente sería igual que es ahora: desinteresado, humilde y eficaz.

Claro que, bien pensado, esa es precisamente la razón por la que Calderón es tan bueno.

Y probablemente también sea la razón por la cual a José Manuel Calderón no le preocupa ser el mejor base al que nadie en la NBA conoce, ni la probabilidad de que siga siéndolo.