25 de noviembre de 2014

Entrevista a Calderón para la revista La luz

Base de la Selección Española y de los New York Knicks de la NBA, José Manuel Calderón es uno de los mejores jugadores españoles de baloncesto pero, además, es una persona consciente de que la fama puede aprovecharse para ayudar a quienes más lo necesitan, como los niños más desfavorecidos. Por ello lleva varios años colaborando estrechamente con el Comité Español de UNICEF, la organización de Naciones Unidas que trabaja a favor de la salud, la educación y la protección de la infancia en todo el mundo, y en especial en los países más pobres, como Sudán del Sur. De hecho, Calderón aprovechó su reciente nombramiento como embajador de la organización humanitaria para hacer un llamamiento sobre los alarmantes niveles de desnutrición que sufren los niños que viven en ese país africano. Ya en clave española, Calderón está también preocupado por un problema que afecta a los niños del mundo desarrollado: el sedentarismo y la obesidad, muchas veces relacionados con el largo tiempo que los menores pasan delante de las pantallas de televisión, ordenadores, tablets y smart phones.

¿Cuál es su objetivo como embajador de UNICEF?
Actualmente hay demasiadas situaciones en el mundo que preocupan a UNICEF, como por ejemplo en Siria, Irak, Gaza, República Centroafricana o Sudán del Sur. Si conseguimos transmitir esa preocupación a nuestras familias y amigos y todos nos comprometemos podemos convertir cualquier ayuda, por pequeña que sea, en agua, alimentos, vacunas, recursos educativos, y en definitiva en ayudar a cubrir las necesidades de los millones de niños que no tienen todavía cosas que nosotros consideramos básicas. Se trata de que esos niños tengan alguna oportunidad depoder crecer, de tener alguna vez poder de decisión sobre su futuro, y no pensar sólo en cuánto tiempo van a poder sobrevivir. No tienen las mismas posibilidades que tenemos nosotros y por eso hay que luchar por ellos, para que puedan crecer, que su vida no sea un cumpledías sino que puedan cumplir años.

¿Cuál ha sido su experiencia más gratificante en su trayectoria en esta ONG?
Cuando estuve en Zambia. Lo que más te llama la atención es que, pese a las dificultades, los niños siguen siendo niños, y muchas veces ellos no se dan cuenta de todo lo que les falta. Ves que lo están pasando muy mal, están descalzos, no tienen ropa pero, como para ellos eso es su vida, te reciben siempre con una sonrisa en la boca. Sin embargo, esos niños podrían ser mucho más felices si tuvieran mejores condiciones de comida, de acceso al agua potable, o simplemente si pudieran ir al colegio, ya que muchos tienen que andar kilómetros para llegar a clase. En definitiva, carecen de cosas que para nosotros son muy básicas, y la gente tiene que entender que sólo con un simple mensaje se puede hacer que lleguen vacunas a niños que lo necesitan. Todos tenemos que poner nuestro granito de arena.

¿No cree que el interés que ha suscitado el ébola en los medios ha vuelto a dejar en un segundo plano problemas aparentemente más simples que causan muchas más muertes en la población infantil de los países en desarrollo, como la diarrea?
Aunque el ébola ha conseguido ganarse el interés de la mayoría de los medios de comunicación en el mundo ocdidental, y sin dudar de la amenaza y del peligro que supone, es cierto que otras enfermedades como la diarrea, la desnutrición o la neumonía matan a muchos más niños en países africanos sin que nadie preste especial atención.

¿Por qué cree que ocurre esto?
Es normal que aquí nos llame más la atención el ébola porque es algo a lo que no estamos acostumbrados, y por otro lado nadie habla de las enfermedades que aquí serían impensables como causas de muerte. El hecho de que este año puedan morir 50.000 niños por hambre, como es algo que no entra en nuestra cabeza que pueda pasar, pues al final no le damos tanta importancia. 

En los países del llamado primer mundo la salud de los niños se ve a menudo comprometida por factores muy distintos, como la obesidad, que crece de forma imparable de la mano del sendentarismo, el abuso de videojuegos e internet y la ausencia de ejercicio físico. ¿Los padres deben implicarse más para evitarlo?
El problema está en los malos hábitos, más que en el hecho de que los niños coman más o menos, y eso hay que corregirlo. Muchas veces parece más fácil comer cualquier tipo de bollería industrial que fruta o bocadillos de pan como los que merendábamos hace unos años. Y luego es cierto que el ordenador, la consola y las redes sociales quitan un tiempo que antes de dedicaba a salir a la calle y jugar a cualquier cosa. Yo creo que sólo el hecho de sacar a los niños a la calle a que jueguen, a baloncesto o a otra cosa, es saludable porque supone para ellos hacer deporte, relacionarse con amigos y otras muchas cosas. Y además esto se puede hacer compatible con el uso de las nuevas tecnologías.

¿Cree que los deportistas de élite deberían implicarse más en causas humanitarias aprovechando su influencia?
Es algo que es muy personal y cada uno debe hacer lo que quiera, pero es cierto que nosotros tenemos la oportunidad de hacer un llamamiento a gente y hacer que un determinado mensaje llegue a muchas más personas.

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