11 de enero de 2016

Y se rindieron a Calderón (Opinión)


Junio de 2014. Una notificación en una cena entre semana hacía que ya no pudieras separarte del móvil esa noche. Era Marc Stein de ESPN, anunciando unas negociaciones entre Mavs y Knicks. Tras una buena temporada en los Mavericks, cayendo en primera ronda de playoffs contra los campeones y siendo el único equipo que consiguió llevarles hasta el séptimo partido, casi nadie esperaba que eso fuera a ocurrir: Calderón iba a ser traspasado al equipo de La Gran Manzana, con un futuro cercano incierto pero predecible. Fue el primer gran movimiento de Phil Jackson como GM del equipo. Derek Fisher se retiró ese mismo año y fue el elegido de Phil para dirigir al conjunto dos semanas antes, su mano derecha sobre la pista lo sería ahora desde los banquillos.

A los días, Carmelo renovó. Daba algo de esperanza a una plantilla a semi-construir. Un nuevo proyecto, una nueva filosofía... pero con poco margen de maniobra.

Pasó el Mundial como si no pasara nada.

Y sin casi descanso, llegó la nueva temporada como si llegaran demasiadas cosas. Calderón ya estaba en el punto de mira de muchos antes de empezar: periodistas y "aficionados" de Nueva York; siempre escuchas a la gente decir que son muy críticos pero no te das cuenta hasta que punto lo son realmente hasta que te toca verlo cada día. Llegó el primer susto que se alargaría unas cuantas semanas. Pero aunque no lo dijeran no fueron semanas, sino meses. Meses que pasaban, partido tras partido, derrota tras derrota. Pero a finales de febrero el cuerpo dijo "basta" y se ponía fin a una temporada que aunque no acababa hasta abril, había terminado hace tiempo. Quizás nadie se esperaba que la temporada fuese a ser tan dura como lo fue.

Al final un cúmulo de cosas (lesiones, traspasos, viajes...) hicieron que la temporada fuera para olvidar, salvo por un motivo: Kristaps Porzingis. El letón fue elegido en el puesto 4 del draft, cómo no, tan cuestionado como casi todo lo que ocurre en la franquicia.

En verano, la tempestad no cesó. Cuántos mensajes escritos pidiendo el traspaso de Calderón mientras este había renunciado a jugar el Eurobasket para poder recuperarse al 100% y estar preparado al inicio de la nueva temporada. Cuántas semanas de trabajo para poder volver a dar el máximo sobre la pista y así ayudar al equipo en la cancha y no desde el banquillo, aunque muchos así lo quisieran.

El nuevo e ilusionante EQUIPO echada a andar entrenando todos juntos antes de comenzar de forma oficial la pretemporada. Esta lo haría el 28 de septiembre, el cumpleaños de José. Qué mejor regalo que volver a sentirse jugador de baloncesto, aunque nuevamente lo haría bajo la atenta mirada de sus críticos.

Los Knicks nos dejaron un balance positivo en los partidos oficiosos de pretemporada, pero ya se sabe que pocas conclusiones se pueden sacar de estos encuentros... hasta que lo serio dio comienzo. Calderón empezó bastante lento, le costó coger el ritmo varios partidos después de ocho meses parado. Qué gran excusa para ese grupo impaciente e incansable de haters. Cada noche, cada defensa, cada pase mal dado, cada tiro fallado... ahí estaban decenas de ellos para recordarle lo malo y viejo que era. Los comentarios de la prensa tampoco ayudaban a apaciguar a las hambrientas fieras.

Si hubo dos momentos clave para calmar los ánimos, uno de ellos fueron unas declaraciones suyas después de un partido contra los Lakers en el que firmó su mejor encuentro hasta la fecha: "Prefiero que habléis mal de mí a que lo hagáis de mis compañeros".

Siempre se ha caracterizado por poner al equipo por delante de todo, y así lo demostró una vez más. Durante esos últimos días solo se había estado hablando de él, de que su incapacidad de parar a los bases rivales era el principal y casi único problema de estos Knicks que no terminaban de carburar (¡y eso que no llevábamos ni dos semanas!). Todavía quedaban algunos tímidos que pedían calma hasta que volviera a jugar Afflalo, la otra gran razón por la que las críticas fueron disminuyendo.

Y así fue. La vuelta de Afflalo a las pistas hizo que empezaran a establecerse unos roles dentro del equipo que antes no se tenían. Las rotaciones, todavía demasiado largas, hicieron de diciembre un mes todavía irregular.

2016 llegó y trajo consigo una dolorosa derrota ante los Bulls tras un horroroso último cuarto. Dolorosa al igual que efectiva. Los jugadores se reunieron para hablar sobre qué había pasado en ese último cuarto, una reunión que ha dado sus frutos en los últimos partidos. Llegaron tres victorias seguidas y casi una cuarta. Ese partido en San Antonio, con una remontada épica ante un equipo que está en su casa 21-0 esta temporada. Calderón tuvo el tiro que hubiera dado la victoria a los Knicks. Pudo ser el héroe pero ese no era el día. Cómo no, unos cuantos aprovecharon para salir de la cueva en la que llevaban escondidos durante semanas. Pero para sorpresa o no, les siguieron otros tantos con cantidad de mensajes de ánimo y agradecimiento.

Con el paso de los partidos y casi sin darnos cuenta, ya no son más los que critican sino los que agradecen el esfuerzo después de un partido, ya no son más los que hablan de una defensa individual sino los que alaban un gran juego colectivo. Ha costado meses, muchos meses; no fue fácil dejar de pensar que igual tenían razón. Ahora esos mismos reconocen que estaban equivocados, y aunque no lo quieran reconocer, aplauden el trabajo que ha hecho y sigue haciendo Calde por este equipo, de forma literal o dedicándole artículos y comentarios positivos. Sin casi hacer ruido, al final se han rendido.